julio 28, 2026

Una película sobre salvar el sol, pero en realidad sobre aprender a entendernos

Hace poco vi Project Hail Mary en Amazon Prime, protagonizada por Ryan Gosling y Sandra Hüller. No tenía ninguna referencia previa — nunca había escuchado del libro de Andy Weir en el que está basada, así que la vi completamente en blanco, sin expectativas ni comparaciones.

La vi dos veces, ambas con mi novio. La primera vez se quedó dormido a medio camino, y después se fue a estudiar para un examen, así que no la terminó de ver conmigo. La segunda vez sí la vimos completa, con él ya bien concentrado — y esa segunda vuelta se sintió distinta, como si la pudiera disfrutar mejor sabiendo que él también estaba metido en la historia.

Lo que más me gustó fue la amistad que se forma entre Grace y Rocky, el alien que lo acompaña en su misión. Sin spoilear demasiado: hay un momento donde Grace termina quedándose con Rocky en su planeta, dando clases, básicamente haciendo lo que le gusta, sin que nadie se lo imponga, con libertad para tomarse su tiempo en tomar decisiones. Me sentí muy identificada con eso — el “soy ese” fue automático.

La actuación de Ryan Gosling me pareció de lo más sincera. La relación que construye con Rocky me recordó mucho a cómo me siento con mis mascotas: dándote poco, te lo dan todo. Ese compañerismo genuino que se va formando — esas muestras de cariño que uno aprende del otro, casi sin querer — fue de lo que más disfruté de la película.

Hay algo que me dejó pensando bastante después de verla: que nadie se salva solo. Grace y Rocky tuvieron que unirse para resolver algo que a ambos los afectaba, y antes de resolver el problema en sí, tuvieron que hacer el esfuerzo genuino de entenderse el uno al otro. Como si dijera: sí, tenemos un objetivo, pero primero busquemos cómo comunicarnos de verdad. Me pareció una forma bien bonita de plantear que, incluso con un objetivo urgente encima, el entendimiento mutuo va primero.

También hay un momento sobre el amor que se quedó rondándome: cuando Rocky menciona que tiene pareja desde hace 183 años, y Grace responde algo como “wow, es mucho tiempo” — y Rocky, casi de pasada, contesta que no es suficiente. Esa escena resume bien el tono de la película: el amor tratado no como un cliché, sino como algo que se sigue queriendo más, sin importar cuánto tiempo ya haya pasado.

Creo que Project Hail Mary es, en el fondo, un viaje de introspección — donde Grace tiene que enfrentar sus propios miedos y decisiones, mientras nace en paralelo una amistad genuina, de esas que no se ven todos los días. Me dejó pensando en que el amor va mucho más allá de la pareja: también lo experimentamos en la amistad. Que siempre estamos dispuestos a apoyar a un amigo de manera genuina, sin esperar nada a cambio. ¿No les ha pasado que, con su mejor amigo, terminaron desarrollando su propio lenguaje de comunicación, casi sin darse cuenta? Eso mismo pasa entre Grace y Rocky.

Es una película bonita para ver en familia o en pareja. El diseño visual me fascinó — no soy crítica de cine, pero sí puedo decir que cumple su propósito de ser memorable, de esas que se quedan en el boca a boca por mucho tiempo.

2 – 3 minutos
547 palabras
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