Independizarme: lo que nadie te cuenta

Cómo empezó todo

Cuando mis padres se retiraron de la vida laboral, se mudaron a otra ciudad. Ahí tuve dos opciones: irme con ellos, o empezar mi vida adulta de forma independiente. Obviamente, elegí la segunda.

Mi primer plan fue irme a vivir con un amigo, pero su colonia resultó ser un poco peligrosa, y vivir sola ahí tampoco era opción (además, no iba a estar pegada a él todo el tiempo). Así que busqué otra alternativa: un departamento en una zona considerablemente buena (más o menos), compartido con dos roomies.

Mis roomies: la mejor sorpresa que no esperaba

Fueron una gran sorpresa. Con una de ellas tenía pláticas hasta la madrugada sobre el trabajo, la familia, temas random, medicina (ella era residente de ortopedia) y, por supuesto, uno que otro ligue. Mi otra roomie estaba menos tiempo en casa, pero era igual de linda: recuerdo una vez que llegué triste porque nada me estaba saliendo bien en mi trabajo, y ella me animó. Fue una muestra de empatía que todavía recuerdo con cariño.

Lo que nadie te dice de vivir sola

Si te enfermas estando solo, nadie te va a cuidar. Una vez me dio una gripe horrible, sin nada de familia en la ciudad. Pasé un fin de semana entero pidiendo comida a domicilio porque no tenía fuerzas ni para cocinar, durmiendo todo el día, con la saturación baja, hasta que por fin reuní energía para ir al doctor.

También vas a experimentar un tipo de soledad distinto. Puedes tener mil amigos y un plan cada fin de semana, pero la pregunta es: ¿eso realmente te llena? Respuesta corta: no.

Y algo que nadie espera: tu momento favorito del día terminará siendo hacer el súper… solo. Nadie te apura, nadie opina, tú decides qué comprar. Es tu ratito de relax (aunque ojo: cargar todo de regreso sin carro propio sí que es sufrir).

Lo bueno de vivir sola

No todo es malo — lo sé, empecé este texto con puras cosas difíciles, pero también hay mucho bueno. Tienes tus propios horarios. Puedes ir sola al cine (ese tema se merece su propio post). Y sobre todo, empiezas a conocerte mejor: qué toleras y qué no, tanto a nivel personal como en convivencia. Con mis roomies, la verdad, caí en suave: personas respetuosas, limpias y divertidas. Siempre voy a atesorar esa época.

Un nuevo capítulo: mi depa en solitario

Después, por un tema familiar, me mudé sola a otro departamento. La soledad regresó, porque ya no tenía esas pláticas largas con mis roomies. Pero gané otras cosas: poner mi música a todo volumen cuando quería, decorar todo a mi gusto, armar mi arbolito de Navidad, tener más espacio en mi cuarto. Incluso ya podía traerme a mis perritos (spoiler: no lo hice), porque poco después me mudé con mi pareja — pero esa historia me la voy a guardar para cuando hable de relaciones.

Lo que aprendí

Independizarme fue de las experiencias más reflexivas que he vivido. Si me pidieran un consejo, sería este: trata de ahorrar antes de dar el salto, porque en México normalmente piden depósito y un mes de renta por adelantado.

Ten una despensa digna, cumple con tus servicios, organízate con una agenda, y llévate bien con tus caseros. Y sobre todo: llévate la vida tranquila. Un día estamos, y otro no. Tómate un café, y descansa.

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