Bueno, vine de visita a casa de mis papás, en parte para verlos a ellos, pero un poco más para ver a mis perritos. En este tiempo que he estado aquí he extrañado mucho a mi novio, y cuando estoy con mi novio, extraño a mis perritos. Y sí, ambas cosas pueden coexistir.
Entonces me puse a pensar: wow, el amor es algo muy interesante. Mi pareja me hace sentir en un lugar seguro, y es la persona con la que quiero compartir mi vida. Me viene a la mente algo que decía Tyler Joseph en una entrevista de Beats 1, hablando de Jenna, su esposa.
La idea era más o menos esta: él estaba usando una metáfora de barcos para explicar su vida y su carrera. Decía que al inicio era como si estuviera en un barquito, luego en algo más grande, como un remolcador (tugboat), intentando avanzar con su música, sus proyectos, sus inseguridades y todo lo que traía encima.
Y entonces explica que mucha gente podría pensar que Jenna era como “un pequeño bote salvavidas” esperándolo por si él se hundía. Pero él lo plantea al revés: dice que ella lo está esperando en un crucero enorme, lista para recogerlo si se queda sin gasolina o si lo que él está construyendo se cae.
La frase clave que se cita de esa entrevista es:
“She is waiting for me to run out of gas in a cruise ship.”
Y después lo aterriza diciendo que es una forma un poco rara de expresar que ella es lo mejor que ha logrado, y que espera poder apoyarse en ella y soltar un poco.
Lo bonito no es solo que diga “amo a mi esposa”, sino cómo lo dice: no la pone como algo chiquito o secundario en su vida, sino como un lugar inmenso y seguro. Como si su carrera, su música y sus esfuerzos fueran importantes, pero Jenna fuera ese espacio donde puede descansar cuando ya no puede más.
“Amar da miedo porque estás dejando que alguien tenga acceso a lo más vulnerable de ti. Es como darle a alguien todo lo que tienes y confiar en que no lo va a romper.”
Lo que sí va muy en la línea de Tyler es esa forma de hablar del amor no como algo cursi o perfecto, sino como algo intenso, vulnerable y medio aterrador — porque amar de verdad implica soltar el control.
Últimamente he pensado mucho en eso.
Durante años, mis mascotas han sido una especie de refugio para mí. Han estado ahí en momentos donde la vida no era sencilla, en días donde no tenía todas las respuestas, en etapas donde tal vez solo necesitaba una presencia cerca. No tenían que decir nada. No tenían que resolverme la vida. Solo estaban. Y a veces eso fue suficiente para sentir que no estaba completamente sola.
Con ellas aprendí una forma de amor silenciosa, constante, sin explicaciones. Un amor que no pide demasiadas palabras, pero que acompaña profundamente.
Y luego llegó una persona.
Alguien que no estaba en mi plan de vida. Alguien con quien no imaginé sentir tanto. Yo no me veía compartiendo mi mundo de esta forma, no me imaginaba extrañando así, ni sintiendo que una persona pudiera convertirse en un lugar seguro. Pero pasó.
Y eso me ha movido por dentro.
Porque con él también he sentido apoyo genuino. No ese apoyo que se dice por compromiso, sino ese que se nota en los actos, en la paciencia, en la forma de quedarse cerca cuando una está sensible, confundida o cansada. Y entonces aparece esa emoción rara: sentirme segura, pero al mismo tiempo vulnerable.
Segura, porque su presencia me calma. Vulnerable, porque me importa.
Y quizá eso es lo que más miedo da del amor: darte cuenta de que alguien tiene un lugar real en tu corazón. Que ya no es indiferente si está o no está. Que su abrazo pesa. Que su ausencia se siente. Que su manera de cuidarte empieza a formar parte de tu idea de hogar.
A veces me pasa algo curioso: cuando estoy con él, extraño a mis mascotas; cuando estoy con mis mascotas, lo extraño a él. Al principio me parecía contradictorio, como si mi corazón no supiera dónde estar. Pero ahora creo que no se trata de elegir. Creo que simplemente hay amores que ocupan habitaciones distintas dentro de una misma casa interna.
Mis mascotas son una parte de mi historia. Han estado conmigo en momentos difíciles, cuando necesitaba sobrevivir un día a la vez. Mi novio es una parte nueva de mi presente, una que no esperaba, pero que me ha enseñado que también puedo sentirme acompañada desde otro lugar.
Y tal vez crecer también sea eso: aceptar que el corazón puede expandirse sin traicionar lo que ya amaba.
Que amar a alguien no significa perderte. Que sentir miedo no significa que algo esté mal. Que la vulnerabilidad no siempre es peligro; a veces es la señal de que algo te importa de verdad.
Me sigue dando miedo sentir tanto. Pero también me parece bonito. Porque después de tanto tiempo creyendo que mi vida iba a construirse solo desde mí, descubrir que puedo compartirla con alguien, sin dejar de ser yo, se siente como una sorpresa dulce.
Como si el amor no hubiera llegado a cambiar mi plan por completo, sino a mostrarme que mi plan también podía tener espacio para un refugio más.
Y tal vez eso es amar: encontrar lugares donde bajar la guardia. Lugares donde no tienes que demostrar fuerza todo el tiempo. Lugares donde puedes descansar.
Mis mascotas han sido eso para mí.
Y, de una forma que todavía estoy aprendiendo a entender, él también.